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domingo, 21 de febrero de 2010

«TRAS LA HUELLA DE UNA MUJER» Por Carlos Rey



«¡...tras la huella de una mujer me arrastré por montes y desiertos...!»Nadie había vuelto a nombrar a Alicia, por desterrarla de mi pensamiento....»¿Y yo por qué me lamentaba como un eunuco? ¿Qué perdía en Alicia que no lo topara en otras hembras? Ella había sido un mero incidente en mi vida loca....

»Además, la que fue mi querida tenía sus defectos: era ignorante, caprichosa y colérica. Su personalidad carecía de relieve: vista sin el lente de la pasión amorosa, aparecía la mujer común.... Sus cejas eran mezquinas, su cuello corto, la armonía de su perfil un poquillo convencional.... sus manos fueron incapaces de inventar la menor caricia. Jamás escogió un perfume que la distinguiera; su juventud olía como la de todas.

»¿Cuál era la razón de sufrir por ella? Había que olvidar, había que reír, había que empezar de nuevo. Mi destino así lo exigía; así lo deseaban, tácitos, mis camaradas. El Pipa, disfrazando la intención con el disimulo, cantó cierta vez un “llorao” genial, a los compases de las maracas, para infundirme la ironía confortadora:
»El domingo la vi en misa,

el lunes la enamoré,

el martes ya le propuse,

el miércoles me casé;

el jueves me dejó solo,

el viernes la suspiré;

el sábado el desengaño...

y el domingo a buscar otra

porque solo no me amaño.»1

Este pasaje de La vorágine, obra clásica del poeta y novelista colombiano José Eustasio Rivera, ilustra genialmente aquel dicho de los hombres respecto a las mujeres: «¡No podemos vivir con ellas, y no podemos vivir sin ellas!» Pero el error de muchos hombres, como lo fue del protagonista de la novela, Arturo Cova, no es tanto el no poder vivir con ellas, como el no deber vivir con ellas antes de conocer sus defectos y de casarse con ellas conscientes de esos defectos. ¡Y conste que todos somos imperfectos!

De su querida, Arturo Cova dice al principio: «Alicia fue un amorío fácil: se me entregó sin vacilaciones, esperanzada en el amor que buscaba en mí.»2 Tan fácil presa fue Alicia que salió con Arturo huyendo de Bogotá hacia los llanos del Casanare sin darse cuenta de lo que él reconoció esa misma noche: que a aquella jovencita él la estaba sacrificando a sus pasiones, y que, saciado su antojo, se hallaba espiritualmente lejos de ella. El alma de Alicia —reflexionó Arturo— nunca le había pertenecido.3

Más vale que aprendamos de Arturo y Alicia que, antes de casarnos, nos conviene conocernos y aceptarnos mutuamente tal como somos. De hacerlo así, es más probable que se cumpla en nosotros el propósito de Dios al diseñar el matrimonio: que nos unamos a nuestro cónyuge de alma y corazón al extremo de que, como dijo Jesucristo, ya no seamos dos sino uno solo.4
1José Eustasio Rivera, La vorágine (Buenos Aires, Argentina: Ediciones Corregidor, 2002),

_____________________________________________________

pp. 150,157‑58.

2Ibíd., p. 43.
3Ibíd., p. 44.
4Gn 2:24; Mt 19:5‑6; Mr 10:7‑8

viernes, 22 de enero de 2010

«LA RUEDA LOCA» - Por el Hno. Pablo


El circo daba su función en Buenos Aires, Argentina. Estaba repleto de gente que, entusiasmada, esperaba cada actuación con gritos y aplausos. Los payasos hacían desternillarse de risa a chicos y a grandes. Entre ellos se destacaba Peporrete, que con sus saltos y piruetas acaparaba la atención de todos.

Su acto final, cada noche, era tomarse de los tobillos, formar una rueda con el cuerpo y rodar así por toda la pista. La gente aplaudía a rabiar.

Esa noche Peporrete hizo lo mismo. Pero al rodar en la rueda loca, se le clavó en el pecho la punta de un tornillo que estaba oculto bajo la lona. El hombre sintió la punzada, pero siguió como si nada hubiera ocurrido. Sin embargo, la contusión interior, igual que la quebradura de un cristal que se raja, fue avanzando poco a poco. Una semana después, en plena actuación, Peporrete murió de un aneurisma.

¡A qué extremos llega un artista, exponiendo su arte, para traer felicidad al público! He aquí un hombre que vivió para hacer reír. Tenía una facultad inimitable. Su acto final, «La rueda loca», acto que él mismo había creado, lo ejecutaba con entusiasmo y dedicación. Pero esa dedicación le costó la vida.

Esto nos lleva a hacer dos reflexiones. La primera es que lo que no se hace con entusiasmo no merece hacerse. ¡Son tantas las personas que llevan una vida muerta, que no tienen pasión! Esa no es la vida que nuestro Creador quiso que tuviéramos. Él nos creó para vivir con entusiasmo, con arrebato. Él quiere vernos alegres y optimistas. Peporrete murió, pero la vida que llevó la vivió al máximo.

La otra reflexión es más emocional y sensible. Peporrete no es el único hombre que haya llevado una herida en el corazón. Y no es tampoco el único que haya muerto lentamente por esa herida.¡Cuánta mujer, cuánta esposa fiel y buena, ha sido engañada por su marido, lastimando su corazón para siempre! ¡Y cuánto hombre hay, también fiel y bueno, a quien su esposa le falló, y aunque hubo reconciliación, la herida ha quedado, mucho más dolorosa que cualquier herida del cuerpo!

¿Hay alguna cura para las heridas del alma? Sí, la hay. El gran Médico divino, Jesucristo, sana por completo las heridas del corazón. Él alienta a los afligidos, devuelve la paz a los atribulados y consuela a los enlutados. Los que sufren no tienen que hacer más que acudir a Él, buscarlo de todo corazón y clamar desde el fondo de su angustia. Cristo, el Amante Pastor, viene entonces para consolar y curar.
Entreguémosle nuestro dolor a Cristo. Él transformará nuestras lágrimas en gozo.

miércoles, 20 de enero de 2010

LLOVIZNAS QUE SE CONVIERTEN EN TORRENTES -POR EL HERMANO PABLO


Las primeras gotas de agua comenzaron a caer. Era la primera lluvia del suave invierno de Cabo San Lucas, Baja California. La gente salió al patio para darle la bienvenida. Era un gozo sentir el rítmico tamborileo de las gotas sobre los techos.

Pero a las nueve de la noche la lluvia arreció. Una enorme masa de nubes se amontonó sobre el valle entre Cabo San Lucas y San José del Cabo, y ésta cayó, castigando implacablemente toda el área.En pocas horas la fuerza del agua destruyó cuatro puentes y centenares de casas, y barrió con una carretera recién construida. Además, dejó como saldo centenares de heridos y varios muertos. El costo en daños y pérdidas fue de 44 millones de dólares. Lo que comenzó siendo una mansa y refrescante llovizna se convirtió, de un momento a otro, en un torrente furioso y destructor.

Así es el carácter del hombre iracundo: como una simple llovizna o un pequeño arroyo que corre mansamente, capaz de convertirse en un torrente feroz que siembra espanto y muerte. Aquel hombre puede permanecer manso y tranquilo un buen tiempo dando la impresión de ser un caballero cortés, pero de repente el furor se desata, y el que parecía apacible hace desastres.

Muchas veces es el alcohol el que desata la furia. Un hombre manso, cuando carece del alcohol del que es adicto, se vuelve una fiera con sólo algunas copas.

Igual es la furia que a veces provocan, y esto inocentemente, los seres más queridos, tales como el cónyuge y los hijos. Es increíble cómo pueden cambiar de razonables a lunáticos en una discusión.En la mayoría de los casos el iracundo no lo es porque quiere. Algo revienta dentro de él o de ella cuando menos piensa.

¿Habrá algo que esa persona pueda hacer? Sí, lo hay. Es que el mal es un mal del corazón. Sale de nuestro interior, y si podemos controlar los impulsos de nuestro corazón, podremos cambiar también nuestro comportamiento.

Para eso es necesario poner mente, alma y corazón en manos de Jesucristo. Cristo da paz y calma. Él reprime las fuerzas de la ira, pone diques a la furia y controla el enojo en el lugar donde nace: el corazón. Entreguémosle nuestra vida a Cristo. Él se especializa en salvar al que no puede ayudarse a sí mismo.

sábado, 16 de enero de 2010

CUANDO EL CORAZÓN DEJA DE LATIR - POR EL HERMANO PABLO


El caso se presentaba muy difícil. Se trataba de una infección de origen desconocido, que oprimía el corazón de la pequeña Allison, de tres años de edad. Los síntomas evidentes eran deshidratación intensa, pulso imperceptible, presión arterial bajísima y fiebre incontrolable. La niñita estaba en condición agónica.La doctora, Elizabeth Contreras, pediatra del Hospital «San José» de Pontiac, Michigan, echó mano de toda su ciencia médica. Extrajo de toda su erudición y experiencia cuanto pudo para salvar a la criatura, pero Allison no reaccionaba.

Por fin, el corazón de la pequeña dejó de latir. Clínicamente, Allison murió. Uno de los cirujanos pronunció: «La niña ha muerto», a lo que la doctora contestó: «Dios todavía puede intervenir.»En ese momento, la doctora Contreras echó mano de toda su fe. Dejando el quirófano y encerrándose sola en un pequeño cuarto contiguo, oró intensamente pidiéndole a Dios que le concediera la vida de Allison. Mientras oraba, hubo un toque a su puerta. La niña, de repente, había reaccionado.En pocas horas, Allison estaba fuera de peligro. El comentario de la doctora Contreras fue: «Dios hizo lo que yo ya no podía hacer.»

Hay momentos en la vida cuando toda esperanza se ha esfumado, momentos en que todo parece derrumbarse, momentos trágicos que sólo Dios puede solucionar. Esa era la condición de la pequeña Allison. Pero siempre queda Dios.

La ciencia positivista rechaza la intervención divina en los asuntos humanos. El racionalista no da lugar a lo espiritual. Si algo va más allá de lo que es científicamente comprobable, él no lo acepta. La vida material ciega los ojos del alma, y el hombre moderno, infatuado en sus opiniones, no ve a Dios.Sin embargo, Dios existe. El Espíritu de Dios actúa en todos los planos de la vida humana, y la Biblia, eterna Palabra de Dios, sigue siendo la base de fe y esperanza para el que cree en Dios de todo corazón. Hay, ciertamente, situaciones que no comprendemos, dolores y angustias que temporalmente nos roban la fe, pero Cristo vive y puede actuar en las aflicciones de quienes lo buscamos.

Dios está siempre dispuesto a responder al clamor de los que con sinceridad y fe clamamos a Él. Sólo espera que clamemos: «¡Señor, ayúdame!»

martes, 12 de enero de 2010

«DIOS Y MI CAMISETA» POR EL HERMANO PABLO


La lluvia había caído a torrentes, y la carretera estaba lisa. Era además una carretera que ondulaba sobre la cima de una montaña, con hondos barrancos a cada lado. En la profundidad, pasaba un arroyo.El vehículo de Manuel Antonio, en una de las curvas de esa carretera en España, se deslizó sin control y se despeñó dando vueltas mientras caía a lo profundo del despeñadero. Manuel, herido de gravedad, quedó aprisionado debajo del auto, semisumergido en el arroyuelo. Dos cosas pasaron por su mente: cómo ser rescatado, y cómo no morir de sed.

Tenía puesta una camiseta de algodón. Era una camiseta barata, pero de tela absorbente. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Manuel logró quitarse la camiseta, hacer una especie de rollo con ella, e introducir una punta en el agua.

Así, mojando la camiseta una y otra vez y sorbiendo el líquido cristalino, pudo pasar los peores tres días de su vida. Cuando fue rescatado, tuvo apenas aliento para decir: «Dios y mi camiseta me salvaron la vida.»Esta es una descripción perfecta de los azares de la vida. En cualquier momento, ocurre la desgracia. Los accidentes se hallan a la vuelta de la esquina. Nadie está libre de ellos.

Sin embargo, de igual manera nadie está libre de cualquier tragedia emocional o familiar. La existencia humana es efímera, inestable, impredecible, y cuando menos pensamos, el golpe sobreviene. Es para esos momentos que necesitamos encontrar agua fresca, porque sin agua no sobrevivimos.

¿De dónde sacar agua fresca espiritual para saciar la sed, reavivar la fe, fortalecer el ánimo y alentar la esperanza? Hay una sola fuente, que es Jesucristo. Él dijo: «El que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna» (Juan 4:14).Aunque tengamos sólo un hilito de fe, aunque nuestra mente esté abrumada de dudas, aunque pensemos que no le importamos a Dios, de todos modos Dios quiere ayudarnos. De Él podemos recibir el agua de vida que salva nuestra alma.

La camiseta de Manuel Antonio fue el hilito con que logró sacar agua del arroyo, que a la postre lo salvó. En cambio, nuestro clamor a Cristo es el hilito que hará que Él nos socorra. Cristo desea librarnos de nuestros problemas. No perdamos la fe. Él está a nuestro lado, dispuesto a darnos el auxilio que necesitamos.

jueves, 10 de diciembre de 2009

POR EL SOLO GUSTO DE MATAR - POR EL HERMANO PABLO


El plan era inconcebible, y más aún por ser la idea de tres adolescentes de apenas diecisiete años de edad. Éstos habían estado jugando con ritos satánicos, y tal como dictaba, en parte, la literatura que habían leído, salieron temprano hacia un bosque cerca de su ciudad en busca de algo para sacrificar. Tendría que ser, según indicaba la lectura, un sacrificio de sangre.

Esa misma mañana, tres amiguitos, dos de ocho años y uno de siete, montaron en sus bicicletas y se fueron de paseo al bosque. Era su lugar favorito de juegos. Pero allí estaban los tres adolescentes.Por una de esas cosas inexplicables, inauditas, increíbles, los tres adolescentes, casi al mismo tiempo, tuvieron la misma idea. «Aquí está nuestro sacrificio de sangre.» Y esa mañana, un miércoles 5 de mayo, en las afueras de la ciudad, mataron a puñaladas a los tres niñitos. A los muchachos los arrestaron, pero seis familias quedaron destrozadas. ¿Qué pudo haberse metido en el corazón de esos tres jóvenes para que cometieran tan horrendo crimen?

Todos venimos a este mundo con un sentido de pudor. Sabemos que algunas cosas son admisibles y otras no. Aun como chiquillos nos escondemos cuando hacemos algo que nuestro corazón no aprueba. Entendemos que hay cosas que sí se pueden hacer y cosas que no se deben hacer.

¿Dónde, entonces, quedó este sentido de decencia, de recato, de respeto por la vida humana, para que estos tres, todavía casi en su niñez, se permitieran abandonar toda probidad y matar por el solo gusto de matar?El Maestro de Galilea dijo en cierta ocasión: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). Es decir, del interior del corazón, de los sentimientos del alma, del ser que uno es, proceden las acciones. Uno es por fuera lo que uno es por dentro, y aunque podemos, por un tiempo, cubrir nuestras intenciones, tarde o temprano la máscara cae. En unos es egoísmo y celo y odio. En otros ese odio se convierte en violencia, pero el fondo es el mismo: el pecado.

¿De dónde vienen estas motivaciones malsanas? Del Adán caído. Es la herencia del pecado de nuestros primeros padres, herencia que recibimos todos los seres humanos. Por eso envió Dios a su Hijo para limpiarnos de todo pecado.

La única esperanza que hay para nosotros es tener a Cristo en el corazón, pues Él desplaza el pecado de Adán. Abrámosle nuestro corazón. Él transformará nuestra vida.

sábado, 21 de noviembre de 2009

LA METAMORFOSIS DE CORTÉS FERRUSQUILLA - POR EL HERMANO PABLO


Primero salió corriendo por las calles, dando furiosos ladridos. Tenía la boca espumosa y los ojos inyectados en sangre. Corrió en cuatro patas lanzando mordiscos a diestra y siniestra, sembrando espanto por toda la colonia.Encontró en su camino a la niña Priscila Cortés, a la que mordió hasta sacarle sangre. Un agente de policía que quiso apresarlo resultó con el uniforme destrozado por uñas y dientes. Por fin, el enfurecido ser fue reducido por tres fuertes agentes.

Sin embargo, no era un can. Era Enrique Cortés Ferrusquilla, de treinta y tres años, habitante de la colonia Prado Churubusco de la ciudad de México. Una tremenda borrachera había producido en él una verdadera metamorfosis, convirtiéndolo poco menos que en un can atacado de hidrofobia.¡Qué metamorfosis produce en los seres humanos el vicio del alcohol! Los diarios que comentaban la noticia decían que Cortés Ferrusquilla se convirtió, por el líquido de fuego metido en su sistema, no en una enorme cucaracha, como en la famosa Metamorfosis de Franz Kafka, sino en un perro, que salió en cuatro patas espantando a los tranquilos habitantes de la colonia, con «la boca espumosa y el ojo fatal», como dice Rubén Darío del lobo de Gubbia.

El alcohol se está constituyendo de nuevo en el azote de la sociedad. Su peligro está sobrepasando, si es posible, al de las drogas. Hoy no se concibe ninguna fiesta, ninguna celebración, homenaje o festejo sin que haya copas de licor circulando entre los concurrentes, y efectuando, con su ominoso poder, diversas metamorfosis.No todos los que beben licor necesariamente van a hacer lo mismo que el embriagado de este caso. Pero siempre, lenta e inexorablemente, el alcohol comenzará a efectuar una metamorfosis en la mente y la conciencia del adicto a él.

No hace falta agregar argumentos médicos para darle más peso a este argumento. El poder destructivo del alcohol lo conoce el propio alcohólico mejor que nadie.

Sin embargo, hay una manera de librarse del alcoholismo. Hay una manera de volver a la sobriedad y al dominio propio, y a conservar bien el equilibrio, no sólo físico sino mental, moral y espiritual. Se logra mediante el poder del evangelio de Jesucristo. Porque Cristo, el Señor viviente y triunfante, tiene poder de sobra para regenerar, cambiar y ennoblecer a todo ser humano.

lunes, 16 de noviembre de 2009

MALAS NOTICIAS, BUENAS NOTICIAS - POR EL HERMANO PABLO


Fría y lacónica era la esquela que Pamela Strother, empleada de banco, encontró en su correspondencia esa mañana. Era una comunicación de su banco donde le decían que en dos meses más quedaría cesante. Para Pamela, joven soltera de veintiocho años de edad, y sin muchos amigos ni mucha familia adonde acudir, la esquela era como un puñal que le clavaban en la espalda.

Pocos días después, todavía trastornada por la pérdida del empleo, Pamela recibió otra esquela. Esta venía de la Lotería de Chicago, Illinois, donde ella vivía. En ella le comunicaban que era la ganadora de un gran premio: tres millones setecientos mil dólares. Una buena noticia venía para aliviar el efecto de una mala.

Si pensamos un poco, esta pobre vida humana tan problemática que llevamos está llena de buenas y de malas noticias. El bien y el mal se entrelazan continuamente en nuestra existencia. La enfermedad y la salud se alternan una con otra; los días buenos siguen a los malos y los malos a los buenos; hoy reímos y mañana lloramos.

En definitiva nada podemos dar por sentado. Las lágrimas siguen a la risa, y el placer sucede al dolor. Si hoy estamos pobres, mañana un golpe de fortuna puede hacernos ricos. Como dice la Biblia en el Eclesiastés: «Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo» (3:1).O como expresara el poeta mexicano Juan de Dios Peza:


El carnaval del mundo engaña tanto,que las vidas son breves mascaradas.Aquí aprendemos a reír con llanto,y también a llorar con carcajadas.

Algunos llaman a esto la eterna inseguridad humana; otros lo llaman: «La ley de las compensaciones». Otros le dicen: «La ley de la cosecha», debido a que «cada uno cosecha lo que siembra» (Gálatas 6:7). Pero lo cierto es que no importa lo que suframos en la vida, ni cuánto gocemos (el sufrimiento y el gozo son simples alternativas), se abre para nosotros, más allá del día de la muerte, la posibilidad de dicha eterna, como también la posibilidad de desdicha sin fin. Cielo o infierno nos esperan allá, al fin del camino.

¿Cómo asegurarnos esa dicha eterna, que será inmutable, sin mermas ni altibajos ni cambios? Recibiendo hoy a Cristo como Señor y Salvador. Sea que hoy estemos llenos de felicidad, o estemos apurando la copa de la amargura, ¡necesitamos a Jesucristo!

lunes, 9 de noviembre de 2009

SIETE TIROS CERTEROS - POR EL HERMANO PABLO


Fueron siete disparos. Siete disparos de pistola automática Browning. Todos dieron en la cabeza de sus víctimas, y todas ellas murieron casi instantáneamente. Cuando Candice Day, de treinta y dos años de edad, llegó a su casa, sólo vio cuerpos muertos y sangre por todos lados.

James Day, su marido, en un rapto de ira, de violencia, de furia insensata, había dado muerte a los seis hijos del matrimonio, y después se había suicidado. Siete tiros certeros habían acabado con casi toda su numerosa familia.

He aquí otra de las tragedias familiares que suelen ensangrentar la página roja de los diarios, adictos a las noticias truculentas. El matrimonio que formaban James y Candice Day, en Evansville, Indiana, Estados Unidos, no era mejor ni peor que la mayoría de los matrimonios que vivían por ahí.Llevaban una buena vida en lo económico. Sus hijos eran buenos y no les ponían muchos problemas. El matrimonio se llevaba apreciablemente bien. Sólo de vez en cuando discutían un poco, después de lo cual él salía y se emborrachaba.

El día de la tragedia eso fue lo que ocurrió: una discusión. Una típica reyerta entre marido y mujer, y el marido, enojado, salió a beber. Esta vez la dosis de todas las cosas fue un poco mayor que de costumbre. Y de ahí, la tragedia.

La ira y la violencia son como ciertos huracanes. Cobran intensidad a medida que giran. El que se acostumbra a enojarse se enojará cada vez más. Y sin darse cuenta, acumulará en su interior ira concentrada que un día estallará un poco más fuerte que de costumbre.¿Cómo luchar contra la ira? ¿Cómo mantener sujeto y embridado este potro del alma? Hay que saber educarse a sí mismo en la tolerancia, el juicio y la paciencia.

Sobre todo, hay que saber buscar siempre en Cristo esa maravillosa dosis de calma, paz y paciencia que nos pone a cubierto de tempestades familiares.

«La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo» (Juan 14:27), dijo Jesucristo. Esas palabras son el mejor testamento, la mejor herencia, que pueden recibir los que desean cambiar de vida y vivir en paz, en calma y en sobriedad, y tener perfecta y tranquila felicidad. Sólo con Cristo, y en Cristo, es posible lograrlo.

lunes, 12 de octubre de 2009

«¡NO LO CREA!» - POR CARLOS REY


Lo transmitió por primera y única vez por la radio a principios de 1968, cuando él mismo tenía cuarenta y seis años de edad. Habían transcurrido exactamente tres años y medio desde que redujo su programa de quince minutos a cuatro, bautizándolo con el nuevo nombre de UN MENSAJE A LA CONCIENCIA.

A este mensaje en particular, uno de los mensajes más personales de todos los que llegó a grabar, el Hermano Pablo le puso por título «¡No lo crea!»:«Quiero en este día, mi amigo, ser muy franco con usted. Algún día le va a llegar la noticia (pueda ser que estas mismas ondas la transmitan) que el Hermano Pablo ha muerto. Digo eso por la sencilla razón de que tarde que temprano todos tenemos que morir. Si Jesucristo tarda en su regreso al mundo, todos los que ahora vivimos tendremos que pasar por el río de la muerte.

Y aunque nadie sabe cuándo, todos sabemos que ese día es seguro. Así que, amigo, ya sea por voz audible, por el periódico o por estas mismas ondas radiales, algún día usted oirá la noticia que el Hermano Pablo ha muerto.»Cuando eso ocurra, ¡no lo crea! Así como se lo estoy diciendo, ¡no lo crea! No, no es que alguien haya mentido. No creo yo que cupiera en el corazón de alguien engañar en una cuestión tan importante. No es eso. Si llegara el anuncio, lo más probable es que, en efecto, mi corazón haya dejado de latir. Pero el verdadero yo —aquello que es mi personalidad, mi fuero interno, mi alma, mi vida espiritual— no habrá muerto.
Más bien, ese es el día en que estaré más vivo que nunca. Es que, amigo mío, yo nací dos veces.»La primera vez nací en 1921. Pero volví a nacer en 1932, cuando tenía once años de vida física. El primer nacimiento fue el del cuerpo; el segundo nacimiento fue el del espíritu. Y aunque el cuerpo muera, el espíritu nunca morirá. Al contrario, el simple hecho de haber nacido de nuevo me garantiza vida eterna junto al Señor Jesucristo. Así que, cuando oiga la noticia que el Hermano Pablo ha muerto, no la crea.

Será ese el día en que el verdadero Hermano Pablo se haya trasladado a una vida superior, a la vida eterna, a la vida en la que no hay enfermedad, ni dolor ni tristeza; donde no hay remordimiento, ni pecado ni muerte. Será ese el día, mi amigo, en que de veras he de estar vivo.»¿Ha tenido usted la experiencia del segundo nacimiento? Jesucristo le dijo al dirigente judío llamado Nicodemo: “Os es necesario nacer de nuevo.”1 Y, amigo, esa misma declaración es tan verdadera hoy como lo fue el día en que Jesús la hizo: ¿Ha nacido usted de nuevo?»
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1.Jn 3:7

martes, 6 de octubre de 2009

¿A CUÁL GENERAL VAMOS A SEGUIR? POR CARLOS REY

El General Tsao Tsao iba delante de su cansado regimiento de soldados. La marcha era larga y sólo él iba a caballo. Los soldados estaban desalentados y tenían mucha sed debido al intenso calor que los agobiaba. De repente el general, divisando el panorama desde lo alto de su montura, les dijo: «Puedo ver un frondoso jardín con una fuente de agua y frutas en abundancia.» Con esto los hombres recobraron el ánimo y aligeraron el paso; pero transcurrió una hora sin que llegaran al anunciado jardín. La verdad era que no había ningún jardín. Se habían dejado engañar, y terminaron más desconsolados y sedientos que nunca. Su general los había engañado.
Esta anécdota la cuenta la señora Chang Kai-Chek en su libro titulado Hablando con Dios. La pregunta que muchos se harán acerca de la conducta del general es: A la hora de la verdad, ¿qué importó que engañara a sus soldados con tal de lograr los objetivos que perseguía? ¿Acaso el fin no justifica los medios?

La respuesta la encierra la pregunta misma, que da por sentado que habrá una «hora de la verdad». Con sólo decir: «A la hora de la verdad», reconocemos el hecho de que tarde o temprano se sabe si algo es verdad o mentira. Y todos estamos conscientes de que sólo el ingenuo se deja engañar la segunda vez por la misma persona. Por eso se dice: «Si me engañas una vez: ¡qué vergüenza la tuya! Si me engañas dos veces: ¡qué vergüenza la mía!»

Esta vida es una marcha que a veces se vuelve larga y forzosa; nosotros somos los soldados bajo las órdenes de un general. Pero a diferencia de los soldados de Tsao Tsao, nosotros no tenemos que seguir forzosamente a ningún general, sino que podemos escoger a qué general vamos a seguir. Sin embargo, hay sólo dos generales a los que podemos seguir; el uno digno de confianza y el otro no. El uno es Dios; el otro es el diablo.Ahora bien, Dios nos creó con libre albedrío para decidir a cuál de los dos seguir: a su Hijo Jesucristo, o a su archienemigo Satanás.

Cristo dice la verdad porque Él es la verdad misma. En cambio, el diablo miente porque no puede hacer otra cosa que mentir. Cristo mismo lo califica de «padre de la mentira», que «cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso».1

En vez de seguir al general que nos promete un oasis en este mundo, y a la hora de la verdad nos conduce a ese desierto que es el infierno, ¿por qué no seguir al que nos advierte que este mundo es un desierto en el que sufriremos aflicciones,2

y a la hora de la verdad nos conduce a ese oasis que es el cielo? De hacerlo así, no tendremos que pasar la vergüenza y el horror de ser engañados dos veces por el enemigo de nuestra alma.
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1.Jn 8:44

2.Jn 16:33

sábado, 3 de octubre de 2009

UNA ROSA DE AMISTAD - POR EL HERMANO PABLO


Era en Estados Unidos durante la segunda guerra mundial, y era un botón de rosa lleno de vida, pugnando por abrirse y llegar al máximo de su belleza.

La familia Ninomiya, familia japonesa, derramó lágrimas de gratitud.Conrad Holster, vecino de la familia en las cercanías de San Francisco, California, la había cultivado para darles la bienvenida. Y no sólo había cultivado esa rosa, sino que había cuidado del vivero de los Ninomiya durante los cuatro años que habían pasado en el campo de concentración.La familia japonesa había comprado tierras cerca de San Francisco.

Junto con su vecino, Conrad Holster, un norteamericano, habían cultivado rosas. Cuando estalló la guerra, los japoneses fueron internados en campos de concentración. Conrad, el vecino, cuidó como propio el vivero de ellos.Lo que hizo de esa rosa todo un símbolo es que floreció en el tiempo en que el Japón había bombardeado a Pearl Harbor, puerto de la ciudad de Honolulu, y la familia Ninomiya era una de muchas familias japonesas bajo sospecha, lamentablemente odiadas por los norteamericanos. Pero este vecino vio más allá de su raza, su cultura y su religión.
«La amistad —dijo alguien metafóricamente— es la rosa con que se enriquece nuestro pobre barro humano.» Y es que la amistad verdadera, cuando es pura y profunda, supera todas las diferencias que nos separan.El proverbista Salomón expresó algo muy interesante acerca de la amistad: «En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia» (Proverbios 17:17).

Si la amistad que decimos tener distingue entre uno y otro —entre un norteamericano y un japonés, entre un rico y un pobre, entre un letrado y un analfabeto, entre un católico y un protestante—, entonces no es amistad. El que ama sólo a los que están de su lado no tiene más que amor por conveniencia.Jesucristo dijo: «Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.” Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen» (Mateo 5:43‑44).

Si Cristo exige amor aun hacia el enemigo, ¡cuanto más hacia el que está separado de nosotros sólo por alguna diferencia de opinión!Si nos falta amor —amor entre esposo y esposa, entre padre e hijo, entre un pueblo y otro, entre una religión y otra—, es porque no tenemos en nosotros el amor puro de Dios. No suframos más con odio. Cristo quiere cambiarnos con su amor.

CONTEMPLACIÓN DE LA NATURALEZA - POR CARLOS REY

«No es posible dejar de hablar de las Cataratas [del Iguazú] sin apuntar algunos datos numéricos, sobre todo si se atiende a que la gran mayoría de los lectores iberoamericanos desconoce la existencia de estas grandes reservas de fuerza y de riqueza....»
La zona de las cataratas comprende una superficie de setenta y cinco mil hectáreas.... La línea de los torrentes mide en conjunto dos mil setecientos metros. Corresponden seiscientos metros de saltos al Brasil y dos mil cien a la Argentina.

La altura máxima de las caídas es de ochenta metros y la mínima de cincuenta y seis. Las potencias son: máxima, de 6.985.170 caballos de vapor; la media, 1.214.807, y la mínima, 132.400. El volumen medio de agua es de 6.300.000 metros cúbicos por hora. El cauce del río nace a novecientos metros sobre el nivel del mar, y al desembocar en Paraná tiene noventa metros de altura sobre el mar, repartido ese desnivel en una extensión de 1.320 kilómetros.

Además de los grandes saltos, que son doce o quince, se cuentan hasta setenta saltos o chorros relativamente pequeños.»Sólo la caída central del salto Unión, ligada al Floriano, tiene una línea de caídas casi el doble de la del Niágara y una altura también doble.

Se calcula que el volumen de agua es tres veces mayor que el del Niágara. También la caída africana de Victoria en el Zambeze es menor en volumen de altura, aunque aquel salto tiene una altura de ciento diecisiete metros.... A simple vista se observa en el Iguazú una grandiosidad de proporciones que supera desde luego al Niágara.»1Así resume José Vasconcelos, autor y Ministro de Educación de México, los extraordinarios atributos de las Cataratas del Iguazú con motivo de su viaje a la región a fines de octubre de 1922.2 «De regreso...

llegamos a Concordia —cuenta Vasconcelos luego de haberlas visto—... y allí nos recibieron de una manera triunfal; parecía que veníamos de descubrir las cataratas. Los periodistas nos pedían impresiones para transmitirlas por telégrafo a Buenos Aires; la prensa local nos dedicaba saludos; un diario de la región afirmó que antes que diplomáticos éramos artistas, puesto que abandonábamos las comodidades de Buenos Aires para ir a gozar con la contemplación de la naturaleza.

En la Escuela Normal hubo una de esas fiestas en las que se siente pasar el soplo arrebatado del entusiasmo; canciones patrióticas, discursos vehementes... Pellicer leyendo entre grandes y calurosos aplausos la poesía que acababa de componer al Iguazú...»3No hay duda alguna: hizo bien Vasconcelos al dedicarle tiempo a la contemplación de la naturaleza.

Y si bien, según el famoso escritor mexicano, «no es posible dejar de hablar de las cataratas sin apuntar algunos datos numéricos», tampoco debiera ser posible hacerlo sin aludir a algunos conceptos teológicos al respecto. Es que, según San Pablo, lo que se puede conocer acerca del Artista Divino que las creó es evidente al contemplarlas. «Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó».4

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1.José Vasconcelos, Textos: Una antología general, De la raza cósmica, «El Iguazú» (México: SEP/UNAM, 1982), pp. 172‑73.

2.Claude Fell, José Vasconcelos, los años del águila, 1920-1925: educación, cultura e iberoamericanismo en el México postrevolucionario, «Argentina» (México, D.F.: UNAM, 1989) pp. 606-16, nota 190.

3.Ibíd, pp. 174-75.

4.Ro 1:19,20

sábado, 26 de septiembre de 2009

CÓMO LIBRARSE DE LAS MENTIRAS - POR CARLOS REY



En este mensaje tratamos dos casos diferentes, el uno escrito por una mujer y el otro por un hombre. Ambos nos contaron acerca del mismo problema cuando «descargaron su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que los citáramos.La mujer escribió:

«¿Cómo ser libre de las mentiras o... de la verdad a medias...? Cada vez que me propongo decir la verdad, caigo en la mentira o tiendo a exagerar las cosas...»
El hombre escribió: «Siempre estoy mintiendo a pesar de que sé que es malo. A veces no lo puedo evitar. Me sale muy natural; es espontáneo...»Este es el consejo que les dio mi esposa:

«Estimados amigos:»¡Tengo buenas noticias para ustedes! Su conciencia está cumpliendo la función que Dios quiso que cumpliera. Cuando Él nos dijo en el noveno mandamiento que no mintiéramos,1 hizo que nuestra conciencia nos recordara ese mandamiento cada vez que lo desobedeciéramos.»Cuando yo era niña, mi mamá me enseñó a mentir.

Ella me decía que contestara el teléfono y le dijera al que la llamaba que ella no se encontraba. Las mañanas en que ella se sentía mal y no quería ir al trabajo por haberse emborrachado la noche anterior, yo era quien tenía que hacer la llamada para decir que ella estaba enferma. Antes de que mis padres se divorciaran, ella acostumbraba pedirme que le dijera algo a mi papá que no era verdad para que él no se enojara con ella. Y yo les oía a los dos mentirle a la gente todo el tiempo. Era su manera de ser.»Por eso no es de extrañarse que a medida que fui creciendo, mentía todo el tiempo. ¡Era mucho más fácil que decir la verdad! Yo no tenía siquiera que pensarlo; sucedía espontáneamente, como lo describió uno de ustedes. Pero luego llegué a conocer a Jesucristo como mi Salvador y, debido a mi relación personal con Él, sabía que no podía seguir mintiendo.

Así que tomé la decisión de que durante el resto de mi vida siempre diría la verdad.»Pero ¡cuánto trabajo me costó! Aunque fue hace muchos años, todavía recuerdo la lucha que tuve. Cada vez que se me escapaba una mentira, tenía que decir en seguida: «No, eso no es verdad. Lo que debí haber dicho era...» Y luego decía la verdad sin que importara lo mucho que me doliera. Después de hacer eso repetidas veces, pude al fin quitarme la mala costumbre de mentir.

Una vez que el decir la verdad se convirtió en mi nueva costumbre, se me hizo mucho más fácil dejar de mentir....»Debido a lo difícil que fue para mí dejar de mentir, siempre les di a nuestros hijos una segunda oportunidad cuando sospechaba que estaban mintiendo. Yo les decía: «Quiero que pienses en lo que acabas de decir. ¿Estás seguro de que quieres decir eso? Te voy a dar otra oportunidad de cambiar tu respuesta.»

Fue de ese modo que les ayudé a que aprendieran a pensarlo bien antes de hablar. ¡La verdad es que algunos de nuestros cinco hijos aprendieron la lección mejor que otros!»Los felicito por su deseo de dejar de mentir.

Ahora consigan el apoyo de un amigo o de un familiar que esté dispuesto a hacerles rendir cuentas con respecto a su resolución.»No será fácil, pero ¡les aseguro que pueden lograrlo!»Linda.»El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar el enlace que dice: «Caso 43» dentro del enlace en www.conciencia.net que dice: «Caso de la semana».

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1.Éx 20:16; Dt 5:20

viernes, 25 de septiembre de 2009

«CUANDO SE JUZGA QUE LA CALAMIDAD VIENE DE DIOS» (2a. Parte) - POR CARLOS REY





En los días posteriores al 11 de septiembre de 2001, hubo dirigentes religiosos en los Estados Unidos que emitieron el juicio de que el ataque terrorista ocurrido en aquel nefasto día representaba el castigo de Dios infligido a una nación en extremo pecaminosa. Así Dios, de manera inequívoca, le llamaba la atención a aquella superpotencia mundial.

Según esos líderes eclesiásticos, Dios no tuvo que hacer más que valerse del odio que albergan en el corazón tantos individuos contra el país que consideran culpable del deterioro moral que cunde en todo el mundo.Contra ese juicio tajante se pronunció con firmeza el periodista estadounidense Cal Thomas el 19 de septiembre ante su público nacional. A su columna escrita como respuesta a semejante concepto de Dios, le puso por título «Cuando se juzga que la calamidad viene de Dios». En la primera parte de su exposición bíblica, Thomas cita varios pasajes del Nuevo Testamento. De ahí pasa al Antiguo Testamento, del que se vale con maestría para desarrollar el siguiente argumento teológico con el que le pone punto final al asunto:«Dios no habría destruido las antiguas ciudades de Sodoma y Gomorra si allí se hubieran encontrado sólo diez justos (Génesis 18:32).
¿Acaso los que creen que el ataque terrorista representaba el juicio de Dios piensan que había menos de diez personas justas en Nueva York y en el Pentágono cuando se estrellaron esos aviones contra aquellos edificios?»Dios permite que ocurran cosas malas a pesar de que Él, por naturaleza, sólo hace el bien y saca de lo malo algo bueno. ¿Cómo sabemos esto? ... El Salmo 5 dice: “Tú no eres un Dios que se complazca en lo malo.” José, a quien sus hermanos habían vendido como esclavo y sin embargo llegó a ser el brazo derecho del faraón y el proveedor de alimento a los hambrientos, les dijo a sus hermanos: “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente” (Génesis 50:20).»

En Génesis 18:25, Abraham intercede por la vida de los habitantes de Sodoma. En sus esfuerzos por lograr que Dios perdone a esa gran ciudad, Abraham dice algo importante acerca del carácter de Dios que tal vez debieran considerar aquellos que creen que Dios ha castigado a los Estados Unidos de América mediante un ataque terrorista: “¡Lejos de ti el hacer tal cosa! ¿Matar al justo junto con el malvado, y que ambos sean tratados de la misma manera? ¡Jamás hagas tal cosa! Tú, que eres el Juez de toda la tierra, ¿no harás justicia?”»Claro que sí hará justicia. El mal existe, pero su autor no es Dios. El mundo está perdido y ocurren cosas malas. Pero Dios ha provisto la forma de que nosotros, simples seres humanos, seamos restaurados si le prestamos atención.»1
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1.Cal Thomas, “When calamity is deemed divine,” The Washington Times, 19 septiembre 2001.

lunes, 21 de septiembre de 2009

DIARIO DE UNA JOVEN ASESINA -POR EL HERMANO PABLO


Era su librito de apuntes diarios, apuntes que iba haciendo, cada día, una joven de catorce años de edad. ¿Qué cosas podría escribir en ese diario? Cosas juveniles: impresiones de muchachos, actividades de colegio, paseos, fiestas.
Pero un día, justamente el primero de enero, la joven escribió: «Querido diario: Es principio de año, y ya no aguanto más. Tengo que quitarme de encima una carga que ya no puedo llevar.

Yo maté a mi hermanita.»El diario sigue narrando: «Fui hasta su cuarto y le dije que la quería mucho. Cubrí, entonces, su boca, y la sofoqué. Tú, mi querido diario, eres a quien primero le cuento. Gracias. Ahora me siento mejor.»Ya hacía cinco meses que esta adolescente había matado a su hermanita de cuatro años de edad.

Cuando hallaron el cuerpo de la chiquita, el médico forense determinó que era «muerte por asfixia traumática». La investigación no produjo ningún resultado. Pero sucedió que los padres de la hija mayor descubrieron su diario.Por más que querramos callar la voz de nuestra conciencia, no podemos. Tarde o temprano su grito se oirá.¿Qué está pasando en los hogares, en las familias, en los adolescentes? Esta joven no carecía de nada. Tenía buenos padres, buena casa, buen colegio, buenos amigos, buena ropa, buen calzado, buenas cosas.

¿Por qué, de un modo sorpresivo y brutal, mató a su hermanita?En parte tiene que ver con la violencia que los adolescentes ven en la televisión, la cual se va acumulando en su psiquis.

Cuando ésta se llena a más no poder, el adolescente no tarda en poner en práctica más de alguna de esas cosas.Tampoco se descarta la posibilidad de los contactos con sectas extrañas. Lo que padres incautamente podrán llamar «chifladuras de adolescentes» puede que sean relaciones, incluso satánicas, cosa que está más extendida de lo que parece.La fuerza moral más potente del mundo está en Jesucristo.

Si nosotros, como padres, descuidamos nuestra propia vida espiritual, con eso dirigimos a nuestros hijos por el camino de la perdición.Hagamos de Cristo el Señor de nuestra vida. Tanto nosotros como nuestros hijos necesitamos ese poder. Sólo Cristo nos pone a salvo de toda fuerza maligna. Él desea ser nuestro Señor. Coronémoslo Rey de nuestra vida hoy mismo.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

«EL DEDO DE DIOS» Y EL DE SUS HIJOS - POR CARLOS REY


16 sep 09
de nuestro puño y letra
por Carlos Rey
Nació el 8 de enero de 1824 en la ciudad de San Luis Potosí. A temprana edad, debido a su vocación artística, se trasladó a la capital del país. Cumplidos los veintinueve años, ya había ocupado puestos importantes en la Ciudad de México, tales como el de censor de teatros. En sus horas libres escribía poesías, entre ellas versos románticos dedicados a su novia Guadalupe, con quien se casaría más tarde.
Cuando los amigos de Francisco González Bocanegra lo animaron a que participara en el concurso convocado por el presidente Santa Anna a fin de elegir el himno nacional mexicano, al joven poeta ni se le había ocurrido tomar parte. «No puede ser —les dijo a sus admiradores—; va a participar en el concurso la flor de los poetas mexicanos, y no tengo la pretensión de medirme con ellos.»
A la postre, según una tradición, lo único que logró convencerlo fue la insistencia de su novia, que lo encerró en una habitación de su casa y amenazó con no dejarlo salir hasta que terminara de componer el himno. En cuestión de cuatro horas terminó de escribir el poema y se lo pasó a Guadalupe por debajo de la puerta. Animado por la reacción entusiasta de ella y de sus amigos, González Bocanegra envió al concurso su poema, que se componía de un coro y diez estrofas, cada una con ocho versos. El 3 de febrero de 1854, el jurado oficial lo calificó como el de mayor mérito entre las composiciones literarias que concursaron.
Ahora sólo faltaba la música necesaria para convertir el poema triunfador en el Himno Nacional. Dio la casualidad de que el ganador del certamen musical convocado para ese fin era tan modesto y tímido como lo era el ganador del certamen poético. El músico premiado, que concursó de manera anónima, resultó ser el español Jaime Nunó, también de veintinueve años de edad, quien unos meses antes había llegado a México desde Cuba, invitado por el presidente Santa Anna para que dirigiera las bandas militares de música del país.
El esperado estreno del Himno Nacional se realizó el 15 de septiembre de 1854 en el teatro Santa Anna, posteriormente llamado Teatro Nacional; pero el presidente Santa Anna no hizo acto de presencia esa noche, así que se dispuso que se repitiera la función la noche siguiente. Esa vez sí asistió el señor Presidente, por lo que el estreno del himno quedó consignado oficialmente en la fecha del 16 de septiembre.
González Bocanegra cayó víctima de la mortal enfermedad del tifus menos de siete años más tarde, cuando aún no se había popularizado el himno cuya letra compuso. Pero con el paso del tiempo, el pueblo mexicano no sólo reconoció que el eterno destino de la patria fue escrito por el dedo de Dios, como dicen las palabras de la primera estrofa, sino que también reconoció que los inmortales versos de su Himno Nacional fueron escritos por el dedo de uno de sus hijos favorecidos con el don de la poesía, inspirado en un momento de verdadera genialidad.1 Pues «el Dios que inspira a los profetas»2 también inspira a los poetas, a fin de que todos sus hijos reconozcamos, tanto a título nacional como personal, la verdad resumida en los siguientes versos escritos por el sabio Salomón:
El corazón humano genera muchos proyectos, pero al final prevalecen los designios del Señor.3
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1
Héctor Campillo Cuautli, El Himno Nacional Mexicano: Origen, historia y significado de nuestro Himno (México, D.F.: Fernández editores, 1998, pp. 3‑11.
2
Ap 22:6
3
Pr 19:21

lunes, 14 de septiembre de 2009

«UNA CONTINUA Y MELODIOSA CATÁSTROFE» POR CARLOS REY

«Salimos de Buenos Aires por la tarde... con Carlos Pellicer y Julio Torri, los poetas, [a fines de octubre de 19221].
Nunca hubo excursión más hermosa....»La mañana del tercer día estuvo dominada por esa emoción que precede a los grandes sucesos. Se nos había dicho que a la una atracaríamos en Puerto Aguirre, para llegar, después de una hora [en] automóvil, delante de las cataratas [del Iguazú].... El barco tuerce para internarse en la corriente del Iguazú, y a poco andar atraca [en] un pequeño muelle de descarga. No podría seguir muy adelante, río arriba, porque ya cerca de las cataratas la corriente es torrencial y el lecho del río pedregoso.

Serían las dos de la tarde cuando pisamos la tierra colorada y húmeda de la margen derecha.... Apresuradamente trepamos a un Ford.... Una hora, tal vez menos, saltamos por un camino que se abre paso entre la maraña de los árboles.»A cada instante creemos percibir el ruido de las aguas.... Nos apeamos del coche.... Llevando la vista hacia el fondo distante, la vimos; allí está siempre, no hace ruido; nos deja suspensos; es como una larga loma azulosa y nevada que se desmoronara sin cesar y armoniosamente sobre otro volumen líquido que rueda con silenciosa majestad hasta perderse en el abismo.

Hierven las espumas, primero blancas y hacia el fondo amarillentas; son como dos o tres planos de agua que caen; por encima está la claridad de los cielos, por todo alrededor los verdes de la selva. Sólo después de un instante de mirar se da uno cuenta de que hay algo inmenso que se está cayendo, que lleva siglos de estar cayendo, y se tiene la impresión de una continua y melodiosa catástrofe....»Pasado el primer asombro, los guías nos aconsejan que aprovechemos la luz de la tarde para dar un paseo a pie por una especie de parque natural y agreste que queda, barranco abajo, por enfrente de las caídas....

Comenzamos a cruzar por entre árboles de talla, entre bambúes, palmeras y arbustos. Saltando sobre el cauce de un sinnúmero de pequeñas corrientes, atravesando otras más anchas en puentes improvisados con maderas, vemos correr chorros, canales y ríos de aguas que se disgregan un tanto para verterse por los desfiladeros de la gran barranca, en donde cada cuerda líquida agrega su trino y su iris a la sinfonía de las masas que caen.»...

Faldeamos el barranco en descenso, hasta que llegamos a la base misma del salto Bossetti.... Más allá... se miran las aguas del San Martín, partidas en una sucesión de cascadas que se quiebran en dos niveles y caen a plomo alrededor de un vasto anfiteatro.

Los chorros remedan en determinados sitios un inmenso órgano de tubos líquidos y de armonías celestiales.»2

¡No cabe duda de que esta magistral descripción de José Vasconcelos, eximio prosista y Ministro de Educación de México, es una de las más hermosas que jamás se haya escrito acerca de una de las maravillas de la naturaleza creadas por Dios! De veras vale la pena leer la crónica completa del viaje en su obra La raza cósmica. ¿Acaso cuando publicó esas elocuentes palabras en 1925 pudo haberse imaginado que sus herederos culturales aún disfrutaríamos de ellas en pleno siglo veintiuno? «Hay momentos en que se siente que todo es palabrerío —reflexionó Vasconcelos luego de haber visto las Cataratas del Iguazú—... Sin embargo, hay dentro de mí una dicha infinita por haber contemplado en su esencia las grandes palabras sagradas: naturaleza, virtud, fuerza, belleza, amor.»3

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1. Claude Fell, José Vasconcelos, los años del águila, 1920-1925: educación, cultura e iberoamericanismo en el México postrevolucionario, «Argentina» (México, D.F.: UNAM, 1989) pp. 606-16, nota 190.

2.José Vasconcelos, Textos: Una antología general, De la raza cósmica, «El Iguazú» (México: SEP/UNAM, 1982), pp. 148‑61.

3.Ibíd., p. 171.

sábado, 12 de septiembre de 2009

MOTIVO PARA CANTAR - POR CARLOS REY


Era el año 1862, cuando se había recrudecido la Guerra Civil en los Estados Unidos de América. Los bandos enemigos se habían retirado a sus respectivos campamentos para pasar la noche. La luna brillaba en todo su esplendor. En el frente se hallaban apostados soldados de ambos bandos, cada cual con la misión de prevenir un ataque sorpresivo del enemigo.En el bando del sur había un soldado llamado Ira Sankey. En un momento de descuido, Sankey surgió de entre las sombras y comenzó a contemplar el majestuoso cielo estrellado.

Al verlo, uno de los soldados del bando del norte se deslizó con cautela y preparó su fusil para disparar contra el distraído Sankey. No bien había terminado de afinar la puntería cuando Sankey, que era creyente en Cristo, alzó los ojos al cielo y comenzó a cantar: «Cristo, cual pastor, oh guía nuestros pasos en tu amor; nuestras almas siempre cuida, guárdalas, oh Salvador.» El francotirador se dispuso a apretar el gatillo, pero al escuchar el himno una sensación extraña se apoderó de él. Conocía muy bien esa melodía y esa letra.

¡Era uno de los himnos que le había oído cantar a su mamá! Cuando Sankey llegó a la estrofa del himno que dice: «Tuyos somos, fiel Amigo, sé tú nuestro Defensor; da al rebaño tuyo abrigo de este mundo pecador», el soldado, conmovido, puso a un lado el arma y escuchó con atención hasta el final.Terminó la guerra, pasaron los años, y el soldado, ya veterano, conservaba el recuerdo de esa noche. Pero no supo nada de Sankey hasta que en la Nochebuena del año 1875, mientras viajaba por el río Delaware en un barco de vapor, escuchó una vez más las notas de aquella memorable melodía. ¡Cuál no sería su sorpresa al saber que quien la cantaba era el mismo a quien se la había oído cantar durante la guerra! Un grupo de personas había reconocido a Sankey como el cantautor que dirigía los himnos en las campañas del renombrado evangelista Dwight Moody, y le había pedido que cantara una de sus propias composiciones; pero él les había dicho que esa noche prefería cantar el viejo himno «Cristo, cual pastor».

Tan pronto como Sankey terminó de cantar, el veterano, que no había asistido a ninguna de las reuniones de Moody, se acercó a Sankey, se presentó y le contó cómo hacía trece años que ese himno le había salvado la vida. Sankey no salía de su asombro al ver cómo Dios, tal como decía el himno, había guiado los pasos de los dos de tal manera que se encontraran por segunda vez. Así que aprovechó la ocasión para contarle a aquel hombre acerca de Jesucristo, el motivo de su himno, y tuvo la alegría de ver cómo su antiguo enemigo se convertía no sólo en amigo suyo sino en amigo de Dios al entregarle su vida a Cristo aquella misma noche.

domingo, 6 de septiembre de 2009

VICIO VERGONZOSO - POR CARLOS REY



En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net/. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Mi problema es muy grande. Tengo una terrible manía que me ha acompañado por más de quince años, y ha ido en progreso. Lo que me ocurre es que aprovecho ciertas oportunidades para practicar delitos muy vergonzosos.

[Toco a las] mujeres sin el consentimiento de ellas en los autobuses o en [las] multitudes....»

Es un vicio, pero es muy fuerte, y me cuesta mucho dejarlo. He hecho muchos intentos de dejarlo, pero lo más que he durado sin hacer eso es tal vez una semana, y luego vuelvo a caer.»Necesito su ayuda.... ¡Por favor, escojan mi [caso]!»

Este es el consejo que le dimos:«Estimado amigo:»Nos alegra saber que usted se siente culpable por su conducta vergonzosa. Su conciencia está actuando tal como fue el propósito de Dios que lo hiciera. No sólo está advirtiéndole de lo indebido de su conducta, sino que también está diciéndole que usted necesita ayuda para poder vencer esos hábitos.

Es cierto que usted no puede vencer por sí solo este mal. Ha estado tratando de vencerlo durante quince años, y hasta ahora no lo ha logrado.»Usted dice que tiene una manía. Con esa palabra da a entender que lo que está haciendo es algo que usted no puede controlar, como si fuera una enfermedad.

Tenemos una buena noticia para usted: Puede aprender a dominarse si está dispuesto a esforzarse y a hacer lo necesario para cambiar por completo su vida. Así que ¿dónde debe comenzar?»La única manera de tener la conciencia limpia es pedirle a Dios que lo perdone. Si usted está sinceramente arrepentido, Dios le concederá el perdón cuando se lo pida en el nombre de Jesucristo.

Pero el estar arrepentido no es cuestión de lo que uno dice sino de la condición del corazón. ¿Se ha preguntado alguna vez cómo se sienten las mujeres afectadas si ven o sienten lo que usted está haciéndoles? ¿Tiene usted compasión alguna por los sentimientos de ellas? ¿Cómo se sentiría usted si alguien le hiciera lo mismo a su hermana o a su mamá?...»

Otro indicio de que usted de veras está arrepentido será cuando dé los pasos necesarios para buscar la ayuda de un terapeuta o psicólogo. Por lo general es costoso, pero usted necesita ese tratamiento más que cualquier otra cosa en la que pudiera gastar su dinero....»En resumen, usted debe probar que está arrepentido al hacer lo que sea necesario para cambiar. Dios siempre está dispuesto a perdonar a los que de veras se arrepienten.

1 La palabra «arrepentimiento» significa: «cambiar de rumbo». Si usted se vuelve y le da un nuevo giro a su vida al abandonar por completo esa conducta, entonces dará evidencia de un arrepentimiento genuino. Y Dios lo perdonará no sólo por esa conducta, sino también por cada pecado que haya cometido. Él limpiará su corazón y su conciencia.»Será muy difícil, pero Dios lo ayudará si usted es sincero.»Linda y Carlos Rey.»

El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace en http://www.conciencia.net/ que dice: «Caso de la semana», y luego el enlace que dice: «Caso 40».

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Ro 10:9